Murallas municipales

ul. Pijarska

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Antiguamente Cracovia podía presumir de 7 puertas y 47 torreones colocados a lo largo de la muralla defensiva que rodeaba el terreno del Casco Antiguo actual. A día de hoy solo se ha conservado un pequeño fragmento de las murallas originales.

En el siglo XIII Cracovia todavía no poseía un sistema de fortificaciones, lo que tuvo trágicas consecuencias: la ciudad se quedó destruida casi por completo como resultado de la invasión tártara. La construcción de las murallas municipales empezó a principios del siglo XIV. El elemento más tardío, edificado a finales del siglo XV, fue la Barbacana, también llamada Cacerola.

Existían siete puertas que estaban cerradas por las noches: Rzeźnicza (de los Carniceros, más tarde llamada Mikołajska), Grodzka, Floriańska (de San Florián), Sławkowska, Szewska, Wiślna y Nowa. La puerta de San Florián se ha conservado hasta nuestros días, así como el arco de la puerta de los Carniceros que fue incorporada en las edificaciones del convento de las dominicas de Gródek.

Las fortificaciones cracovianas se componían de una muralla doble rodeada por un foso. La muralla interior fue reforzada con torreones de 10 metros de altura. Del mantenimiento de cada una de ellas (y defensa, en caso de un ataque) se responsabilizaban diferentes gremios de artesanos: de ahí los nombres de los torreones. Hasta la actualidad se han conservado tres: el torreón Ciesielska (de los Ebanistas), el Stolarska (de los Carpinteros) y el Pasamoników (de los Pasamaneros).

En los siglos posteriores el estado de las murallas se fue deteriorando. Los años de negligencia y falta de modernización de las fortificaciones provocaron que en el siglo XVII la ciudad no fuera capaz de resistir los ataques de las tropas suecas. Las murallas cayeron en ruina. Empezaron a ocuparlas los habitantes más pobres de Cracovia que construían en sus brechas casitas provisionales de madera. Se creó incluso un dístico al respecto, repetido por los cracovianos: "Que no vengan los rusos: se derrumbará sin su ayuda, que vengan los franceses a ver la ruina". A principios del siglo XIX las autoridades cracovianas decidieron derribar las murallas junto con las puertas y torreones adyacentes, con la intención de embellecer la ciudad. El que se salvara un fragmento de las fortificaciones (con la Puerta de San Florián, la Barbacana y tres torreones) se lo debemos a la firme determinación del senador Feliks Radwański. El político argüía que las murallas protegían contra vientos y corrientes de aire, diciendo que si fueran derribadas... el viento podría levantar los vestidos de las ilustres matronas cracovianas. En el lugar de las antiguas fortificaciones fue creado el parque municipal llamado Planty que hoy en día rodea el Casco Antiguo.

Torreón de los Ebanistas
El más viejo de todos los torreones conservados. Fue erigido en torno al año 1300 a base de rocas calcáreas; a finales del siglo XV se añadió una superestructura hexagonal. El torreón está casi totalmente escondido detrás del edificio que defendía: el Arsenal Municipal. Los responsables de su mantenimiento y defensa eran los miembros del gremio de los ebanistas.

Arsenal Municipal
Su ubicación, en la cadena de las murallas defensivas y del lado norte, no era casual. Era la zona más amenazada, ya que no la protegían obstáculos naturales: ríos, lagos o pantanos que antiguamente rodeaban la ciudad desde otros lados. En el edificio de una sola planta construido en el siglo XVI y conservado hasta hoy se almacenaban armas y cañones. En sus profundos sótanos se guardaban barriles de pólvora. Al lado funcionaba probablemente una factoría metalúrgica de munición y cañones. El Arsenal Municipal se salvó en el siglo XIX y no fue derribado junto con el resto de las murallas. La ciudad le ofreció el edificio al príncipe Władysław Czartoryski para que creara un museo en su interior. Actualmente el Arsenal acoge una parte de la exposición del Museo de los Príncipes Czartoryski.

Torreón de los Carpinteros
Erigido en el siglo XV, coronado con un balcón y tejado en forma de cono. Vale la pena fijarse en las aspilleras características, en forma de cruz. Los responsables de su defensa eran los miembros del gremio de carpinteros y cordeleros, artesanos que producían cordeles y sogas.

Torreón de los Pasamaneros
El torreón se remonta al siglo XV. Vale la pena destacar la fachada, cubierta por un friso irregular compuesto de ladrillos oscuros y fuertemente cocidos. Es probable que esta decoración, que crea una ilusión óptica particular, sirviera para dificultarles a los invasores apuntar bien al torreón. Los responsables de su defensa eran los miembros del gremio de los zapateros y, más tarde, de los pasamaneros.
Los pasamaneros producían accesorios de vestuario, tales como cinturones, botones y otros elementos de indumentaria, pero en el caso de que se produjera un ataque defendían la ciudad.

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